SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

jueves, 5 de febrero de 2009

LAS LÁGRIMAS DE FEDERER


Rafa Nadal ha subido otro escalón de las escaleras que terminan en las puertas del Olimpo -es increíble que ya estemos acostumbrados a la hazañas de este fenómeno de sólo 22 años- con la primera victoria de un español en el Abierto de Australia y la confirmación de que hoy es el Número Uno del Tenis sin discusión.

Para ello superó dos pruebas memorables. El partido de cinco horas y pico contra un dulce, dulcísimo Fernando Verdasco y la final contra el reloj suizo Roger Federer. La semifinal contra el madrileño fue impresionante. Todos coinciden en que Verdasco hubiese vapuleado a cualquier otro tenista, pero Rafa es un competidor como pocos han nacido en España y supo sufrir hasta el final (y quiero apuntar un detalle, que no deja de ser una impresión personal. Muchas personas me comentaban su deseo de que Verdasco venciese a Nadal. Detalle que confirma aquella frase de Eusebio Unzué sobre otro mito del deporte español: "España está aburrida y no sabe encajar a Miguel Indurain porque es un país de perdedores". Moraleja: cuando eres bueno gustas a todo el mundo; cuando eres el mejor comienzas a despertar antipatías).

Sin demasiado tiempo para recuperarse de semejante esfuerzo físico y mental, Nadal afrontó la final contra esa maravilla raqueta en mano llamada Roger Federer. El suizo había triturado a la mayoría de sus rivales y se plantaba en la final con menor desgaste. Pero, no cabe duda, Nadal se le atragantó. Una vez más. De tal forma que todos, expertos, aficionados y familiares de Federer -a tenor de sus miradas durante el partido- intuyen que el lider indiscutible del tenis en los últimos años sale a la pista desmoralizado contra el español, mientras éste mantiene su inmensa confianza y espíritu combativo.

Así las cosas, llegamos a la entrega de trofeos. Estupefactos nos quedamos cuando Federer se puso a llorar de forma inconsolable. Este gesto que muchos han atribuído a la emoción por no haber logrado su decimocuarto torneo de Grand Slam es, en mi opinión, el reflejo de un sentimiento de impotencia de gran gravedad.

¿Qué importa la derrota en un Masters puntual? Federer tiene 27 años y margen para ganar muchos torneos y superar al mítico Sampras. El problema es otro. El suizo declaró esa noche de forma pública su incapacidad para derrotar a Rafa Nadal, sin importar ya la superficie. Tierra, hierba, pista sintética... Nadal le ha vencido en todo pese a mil y un obstáculos. En el último set del partido vimos a un Federer descentrado, discutiendo con el árbitro y maldiciéndose sin parar. La cara de su mujer en la grada completó el cuadro psiquiátrico.

El llanto en la ceremonia de clausura y ese "killing me" (me está matando) pronunciado denotan una endeblez nunca vista en el suizo. Esa humanidad que tanto se ensalza durante estos días es un síntoma que muchos rivales tendrán en cuenta a partir de ahora. Y si en el agua brota la sangre, pronto llegarán los tiburones. "Resulta que Federer tiene puntos débiles". Por supuesto no dudo de su inigualable calidad ni afirmo -¡por todos los Santos!- que esté acabado, aprovechando la derrota (algo tan habitual en nuestro querido país) simplemente me sorprendió este suceso.

Lo que no admite duda es la categoría, en la derrota y en la victoria, de este Nadal tallado en el roble más noble y firme. A duras penas aguantó la emoción cuando vió a uno de sus referentes arrodillándose de forma simbólica a sus pies. La humildad y timidez en su discurso, su estilo magnánimo con el perdedor, denotan ese punto de excelencia especial que le permitirá alcanzar la perfección si continúa por este duro camino. En mi opinión, nada novedosa, posee todas las cualidades para ser el mejor de todos los tiempos.

El momento en el Open de Australia