SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

miércoles, 18 de febrero de 2009

REVOLUTIONARY ROAD, O LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL MATRIMONIO

12 años después de la celebrada "Titanic", Sam Mendes reúne a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en una película sobre las relaciones de pareja. Ambos actores caminan hacia su madurez y, doblajes aparte, realizan una fenomenal interpretación. DiCaprio ya me gustó en "El Aviador" o "Gangs of New York". Winslet vive el año de su verdadero reconocimiento mundial.

"Revolutionary road" es el lugar donde vive el joven matrimonio de los Wheeler -quizá no tan joven para los años 50- de inmejorable imagen entre sus vecinos aunque menos poético en la realidad. Desde el comienzo se intuye el origen de los problemas. April (Winslet) es una actriz frustrada, cuyos sueños de grandeza se mantienen en suspenso tras el nacimiento de los hijos de ambos. Frank (DiCaprio) posee un pico de oro, es un fanfarrón aventurero que aprovecha las oportunidades que pasan ante su "mediocre" vida. La diferencia con respecto a su mujer es que, más pronto o más temprano, Frank tiene los pies en el suelo. Aunque el suelo sea de barro.

Todo se complica cuando April pretende dar un giro radical a la vida de ambos y propone a su marido vender casa y coche, sacar todos los ahorros y mudarse con los niños nada menos que París. Allí ella mantendrá a la familia mientras él -a quien nadie reconoce su talento- se toma su tiempo para "decidir" a qué se va a dedicar en su vida. La razón de esta decisión no es otra que encontrar el verdadero sentido a su matrimonio y huir de lo que ella considera una existencia mediocre.

Tan descabellada idea encuentra acomodo en un ilusionado Frank, hasta que sucede un hecho impensable hasta entonces. Le proponen un suntancial aumento de sueldo y categoría; además, mantiene su ego en un punto álgido, ya que tiene éxito entre las empleadas de la empresa. Fiel a su caracter veleta, ahora se siente feliz y no le compensa un cambio radical en su carrera.

Incapaz de confesar sus verdaderos sentimientos y afrontar el problema. Frank urde un plan muy a la gallega. Dejar embarazada de nuevo a April y esgrimir este tercer hijo como excusa para quedarse en los Estados Unidos. La estrella de Frank resplandece mientras la de April se apaga. Pero ella no quiere perder su sueño y está dispuesta a abortar. Lo que sea, con tal de escapar. Los hechos se precipitan desde este momento, afectando a sus mejores amigos, vecinos... y no a los hijos, porque parece que el propio director ejerce un manto protector sobre ellos.



No les cuento cómo termina la película. Vayan a verla. La reflexión que el director consigue, sea su intención o no, es que las relaciones de convivencia nunca son sencillas. A veces una parte se crea unas espectativas -consigo o con la pareja- que no responden a la realidad y terminan en fracaso, porque esta persona no es capaz de salir de su mundo fantástico.

También reflexionamos sobre el significado de una vida mediocre y otra exitosa. ¿Se mide por el tipo de trabajo, el estatus económico, la posición social o los sentimientos? ¿Somos conscientes de la responsabilidad de traer un hijo al mundo? Son preguntas que nunca pasarán de moda.

Por último, me gustaría incidir en dos detalles, en mi opinión trascendentales en la película. Mientras el matrimonio de Frank y April camina hacia el cadalso, el director nos muestra otros dos que sobreviven a los malos momentos. El vecino y mejor amigo de Frank supera una crisis con su pareja recurriendo al olvido y al conformismo, ya que estaba profundamente enamorado de April. El casero de los Wheeler, un hombre mayor amargado por un hijo esquizofrénico y una mujer incansablemente habladora, recurre a bajar el sonotone para soportar el hastío ante tanta incontinencia verbal.

Son dos ejemplos de adaptación a dos situaciones nada románticas: cuando no sientas atracción por tu mujer o estés harto de escucharla. ¿Debe imperar el pragmatismo o deben fluir libres los sentimientos verdaderos? (En la fantástica Match Point, de Woody Allen pueden encontrar otro punto de vista).