SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

sábado, 14 de febrero de 2009

STANLEY KETCHEL, EN EL NOMBRE DE LA MADRE


"Háganle la cuenta, seguro que se levanta a la de ocho", gritó un aficionado durante su entierro. El boxeador estadounidense Stanley Ketchel (1886-1910) se forjó en la más absoluta crueldad. Nacido como Stanislaus Kiecal, fue testigo del asesinato de sus padres polacos, a los 14 años de edad. Vagabundeó, robó y actuó como matón en la durísima Michigan de finales del XIX. Pronto encauzó toda la rabia contenida en el boxeo. Peleaba y tumbaba a rivales más fuertes, aunque no tan necesitados como él. Siempre se imaginaba que insultaban a su madre, por la que profesaba auténtica devoción, y soltaba la ira en el ring. En 1908 fue campeón de los pesos medios. Un año después engordó 20 kilos y se atrevió -no conocía el miedo- contra el gigante Jack Johnson, un combate que le aportó gloria y le costó varios dientes. Mujeriego y extrovertido, pese a su dura infancia, se dijo que un granjero celoso le acribilló a tiros por engañarle con su mujer. No fue así. La Historia demostró que el matrimonio estaba compinchado para robarle, pero no sabían que una fiera salvaje nunca se rinde, y opuso resistencia. Una vida de cine. Al menos Hemingway le dedicó un cuento.

Publicado en La Región (14-01-2008).