SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

domingo, 8 de agosto de 2010

PAYNE STEWART, AUTOPISTA HACIA EL CIELO


Bombachos, gorra, medias altas y zapatos lustrosos. El golfista estadounidense Payne Stewart (1957-1999) parecía en el campo uno de esos clásicos jugadores de principios de siglo. Cinco veces en la Ryder Cup y sexto puesto en el ránking oficial, Stewart era reconocido como un caballero en el césped y el animador del circuito profesional desde su ingreso, en 1979. Casado y padre de dos hijos, la vida le sonreía, pero fue un guiño traicionero. Un 25 de octubre volaba en un jet en dirección a Dallas, para disputar otro torneo. Por motivos atmosféricos, el avión tuvo que ascender a los 45.000 pies. Un fallo en el sistema de aislamiento dejó sin oxígeno a Stewart y sus cinco acompañantes en apenas un minuto. Fulminante. Con el piloto automático, el jet continúo 2.500 kilómetros, hasta caer sin combustible en un descampado de Dakota. Un plácido y macabro viaje hacia la muerte, escoltado por seis impotentes cazas de la armada estadounidense. Payne no pudo siquiera despedirse de su desesperada esposa, quien le llamó al teléfono móvil sin cesar.

Publicado en La Región (20-10-2008)