SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

viernes, 24 de diciembre de 2010

UNITED 93


El 11 de septiembre de 2001 estaba a punto de comenzar mis prácticas de conducción en el autoescuela. Recuerdo perfectamente lo sucedido, comía mientras veía al mediodía el Telediario de Televisión Española, el de la eterna Ana Blanco. Parecía un sorprendente accidente de un aviador despistado, quizá de demasiada magnitud, empotrado contra una de las torres gemelas de New York. Podría ser una bomba. El impacto del segundo avión, visto en directo, me estremeció sobre la silla. Algo raro sucedía. No sabía qué. Pero era demasiado extraño pensar en dos aviones accidentados en el mismo lugar, en un día claro sobre Manhattan.

Fue el comienzo del más espantoso atentado terrorista de la Historia. Un momento que, desde luego, cambió el rumbo del planeta y desencadenó todo una serie de acontecimientos. Tuvimos el dudoso privilegio de vivirlo en directo, podremos contárselo a nuestros nietos. Así se escribe la Historia.

El impacto mundial fue tremendo. Pero nueve años después esta sociedad de consumo rápido, de carpe diem, parece haber olvidado lo sucedido. Muy al estilo occidental, nos encanta mirar al otro lado, huir de la realidad y evitar remediar los problemas que nos encontraremos en el futuro. (¿Qué escribir sobre el comportamiento de los españoles durante y después del 11-M? ¿No queríamos saber la verdad?).

Cuatro aviones secuestrados. Cuatro bombas aéreas sin necesidad de robar o trasladar armamento pesado. Un método tan ingenioso como vil que ningún sistema de defensa podría preveer ni evitar. Tengan en cuenta que al menos 5.000 aviones comerciales sobrevuelan los Estados Unidos cada hora. ¿Se puede impedir un atentado en la red ferroviaria española, o en la flota de autobuses urbanos? ¿Se pueden vigilar todos los transportes públicos de un país?

Cuatro aviones. Dos impactaron contra las torres gemelas de New York -imágenes que nadie olvidará ya- un tercero contra el Pentágono y el cuarto, el United 93, fue el único en fallar su objetivo, nada menos que el Capitolio.

¿Qué sucedió en aquel avión? La versión oficial dice que se estrelló en Shanksville, en el estado de Pennsilvania, debido al forjeceo entre los terroristas y los propios pasajeros del avión. Teorías más mundanas afirman que ni cayó en ese lugar ni fue por tal motivo, sino abatido por cazas estadounidenses. Vaya usted a saber. En mi opinión, los pasajeros fueron heroicos en cualquier caso. En el primer supuesto por obvios motivos. En el segundo, porque su sacrificio evitó una catástrofe mayor. Sí, hubiese sido una cruel y dura decisión la orden de derribar el United 93, pero lógica dadas las circunstancias. Estaba en juego la vida de millones de personas contra las 40 del aparato. Seguro que si mi familia estuviese allí no pensaría lo mismo, claro, pero un presidente de Estados Unidos debe dar prioridad al mayor número de vidas.



"United 93", la película que les recomiendo, se basa en la primera versión y reconstruye casi de forma documental lo sucedido en aquel vuelo, relacionándolo con los demás atentados del día más triste en la Historia de los Estados Unidos. No es, en absoluto, un panfleto favorable al gobierno. Desde el comienzo manifiesta la patente descoordinación entre la seguridad civil aérea y la militar en la gestión de la crisis, sin obviar que fue una amenaza sorprendente e impredecible para ambas. En base a esta evidencia, se argumenta que el ejército estadounidense tuvo constancia real del secuestro cuatro minutos después de su caída, los cazas más próximos al avión se encontraban a 100 millas ¡y desarmados! Volando sin un objetivo fijo ni una misión concreta.

El director, Paul Greengrass se basa en los informes oficiales y el testimonio de familiares de las víctimas y responsables del centro nacional de control aéreo para reconstruir lo sucedido aquel 11 de septiembre. Una auténtica lección de coraje de ciudadanos corrientes, quienes percatados de su terrible destino, decidieron hacer frente a los terroristas para tomar el avión, no sin antes despedirse de sus seres queridos.

Greengrass huye del estilo hollywoodiense e intenta explicar lo sucedido con un estilo pragmático, desde el momento en que los terroristas salen del hotel para cumplir su misión suicida. Tuvo la delicadeza de obligar a sus actores a entrevistarse con los familiares de las víctimas, además de ofrecer un pase privado ante ellas y recoger sus opiniones. Curiosamente, la película obtuvo más reconocimiento entre la crítica especializada que entre el público. Supongo, por pasada de moda. Merece la pena verla y no olvidarla nunca.