SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

miércoles, 29 de enero de 2014

'GRAVITY', CUANDO EL DIRECTOR ESTÁ EN LAS NUBES

Se acercan los 'Oscars' y eso nos permite ver películas de cierto nivel en la paupérrima cartelera orensana. Una de las favoritas en las apuestas de los especialistas, muy premiada en los certámenes previos a la gran gala estadounidense, es 'Gravity'. 'Gravedad' está dirigida por el mejicano Alfonso Cuarón, escrita mano a mano con su hijo Jonás, según ha confesado a los medios. Trata sobre un equipo de astronautas que se ven sorprendidos por una avalancha de residuos espaciales durante una operación de rutina en la órbita terrestre.

El comienzo y la propuesta son magníficos. Excepcionales efectos especiales que aparentan mantenernos al lado de los protragonistas, flotando en la inmensidad del espacio. La angustia, el miedo y la soledad logrados durante el desarrollo de la trama son, en mi opinión, excepcionales. Me gustó en especial la escena en la que los dos supervivientes al primer impacto -Sandra Bullock y George Clooney- se dirigen hacia la estación espacial, con el luminoso planeta Tierra a sus pies, apenas una mota de polvo en un universo hoy inabarcable para nuestra capacidad de medida. Vivir esa sensación debe ser algo difícilmente asumible, por ello no me extraña que muchos astronautas enloquezcan o pierdan la concepción de la realidad cuando vuelven a tierra. Nada será ni siquiera parecido a lo visto allí arriba. Es una escena donde caben muchas reflexiones filosóficas.

Hasta aquí lo bueno. Lo malo de esta magnífica propuesta es el final. Quizá por las presiones de Hollywood -que no tolera un final políticamente incorrecto- quizá influido por la desbordante imaginación de su hijo, Cuarón se queda en las nubes y soluciona la trama con unos recursos que no pasarían un examen de ingreso para visitar el museo de la NASA.

No quiero descubrirles nada -vayan a verla en el cine, por favor- pero el momento del extintor es para cogerlo y darle en la cabeza al desorientado director. No sería por falta de efectos o información, supongo. Por ello creo que la película se cae, por desgracia, con todo el peso de la gravedad. Destrozando un comienzo tan extraordinario. Lástima.