SIGUE SOÑANDO


Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream.

olimpiaduerme@gmail.com

martes, 8 de diciembre de 2015

FRANCO, CAUDILLO DE ESPAÑA (por Aníbal)

'Franco. Caudillo de España'. Paul Preston. Ed. Random House Mondadori.

La biografía que nos ocupa pasa por ser un clásico de entre las que se han escrito sobre el hombre que rigió España durante poco más de un tercio del  S. XX. El equivalente al 'Hitler' de Ian Kershaw, por poner un ejemplo. Sin embargo, creemos que esto es producto de una sobrevaloración, cosa que defenderemos con argumentos varios a continuación.

Una idea constante aparece en el libro y es la sensación de que Preston no hizo sino confirmar sus prejuicios tras consultar sus fuentes. O, por decirlo de otro modo, el profesor británico tenía a Franco por un ambicioso desmedido, taimado, cruel, antes de comenzar su tarea investigadora y utilizó los diversos archivos y bibliografía para certificar la validez de sus ideas previas, sin tener en cuenta hechos que demostrarían, sino lo contrario, al menos matices no desdeñables. Hay toda una serie de contradicciones que no podemos dejar de señalar.

Una primera prueba de lo que estamos comentando la  encontramos en el capítulo 1,  acerca de sus inicios militares, donde se dice que Franco se habría acostumbrado a la brutalidad de la Legión (pág. 57) para, poco después, afirmar que se horrorizó en Nador al ver los cadáveres (pág. 60). ¿En qué quedamos, era frío e insensible o lo contrario?

Recorre el libro la idea de un Franco reaccionario, religioso, no fervoroso, pero sí católico al menos en las formas. Y a pesar de ello en el capítulo 2 (pág. 86) se dice que Franco era muy estricto y obligaba a los cadetes a llevar siempre preservativos cuando salían de la academia. En todo caso esta disposición sería encomiable y no una mácula como pretende deslizar el autor.

Otra de las características propias del ferrolano sería su doblez. Preston le califica, nada políticamente correcto, de “típico gallego”: Lento, astuto, impenetrable, en varias ocasiones, (pág. 84) pero reconoce que opinó públicamente mostrándose contrario a las reformas de Azaña durante el bienio de izquierdas de la II República. ¿Dónde está pues la hipocresía?

Sobre su ansia de poder es chocante que titule el capítulo 5 “La forja de un conspirador” y dentro del mismo se pueda leer que Franco evitó en varias ocasiones dar su respuesta a Mola y además reconoce que la participación de Franco en los preparativos fue escasa. No parece pues que fuese un intrigante muy aplicado.

Dice de Franco que era sanguinario, cruel e impulsor de un sistema jurídico arbitrario de lo que incluso se habría quejado Himmler, sin embargo el hijo de Miaja (Jefe de la Junta de Defensa) fue juzgado dos veces y absuelto (pág. 259) si bien no se le dejó en libertad a la espera de poder canjearlo por otro prisionero. Otro caso que parece contradecir a Preston fue el asalto falangista de la prisión de Alicante en 1940, cuyos responsables fueron ejecutados.

Son harto curiosos los bandazos acerca del carácter del Generalísimo, ora se le tilda intransigente ora de voluble. Basta leer la nota a pie de la página 271.

Acerca de la II G.M. y la camaleónica actitud de Franco, nada nuevo bajo el sol. Para Preston no hizo más que adaptarse a las circunstancias y si bien por momentos deseó la entrada en la guerra, nunca llegó a dar el paso. Resulta curioso no obstante un extracto de un discurso de Churchill en la Cámara de los Comunes “el mérito principal se debe sin duda a la resolución española de mantenerse fuera de la guerra” (pág. 559). Preston interpreta al Premier británico diciendo que las palabras de este eran puramente tácticas e insinceras. Aquí nos movemos en el terreno de las conjeturas, lo cual pasa de ser historia a mera especulación. Abundan en todo el libro los “es posible que..”, “se ha sugerido que”, “es bastante improbable que…”, parece indudable que…”. Esto indica todo menos rigor.

A pesar de  lo escrito con anterioridad, es de alabar el intento de abordar la gigantesca tarea de plasmar la figura del quizá principal gobernante español del S. XX,  pero esta se ve lastrada, en nuestra opinión por la ya mencionada prejuiciosa postura de Paul Preston, al que quizá también cabría achacarle que descuida el gran grueso de la dictadura, dado que solo le dedica 200 páginas de las 800 de las que consta el libro en su conjunto.

NOTA: No queremos finalizar sin hacer referencia a la traducción a cargo de Teresa Campodrón y Diana Falcón, así como a los encargados de revisar la obra Enrique Moradiellos y Eva Rodríguez Halftfer. No es aceptable que se registren errores como no saber utilizar correctamente la forma impersonal del verbo haber  “hubieron comandantes” (pág. 24), “hubieron muchos intentos…” (pág. 82), o confundir el sexo de Jay Allen “la periodista americana” (pág. 18). Nos parecen fallos graves que no debieran haber pasado por alto a los revisores.

Aníbal