SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

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Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

lunes, 29 de agosto de 2016

SONRISAS Y LÁGRIMAS OLÍMPICAS



Primeros días de Juegos, primeras alegrías, primeras decepciones. Aunque todas las disciplinas tienen sus campeonatos mundiales y continentales –en algunos casos incluso más exigentes y competidos- la repercusión y el especial escenario olímpico otorga a sus medallas un valor superior a todo lo conocido. Para muchos deportistas, es el principal objetivo en su carrera.


Una vez cada cuatro años. Cuatro en toda una vida con mucha suerte, en el caso de una longeva trayectoria. Sólo posible para algunos afortunados en el planeta. Por eso es tan sencillo y emocionante empatizar con los ganadores que se humanizan en el podio, escuchando el himno mientras su cabeza repasa todo el esfuerzo empleado para llegar allí. Por eso es más comprensible hacerlo con los perdedores, por quienes trabajaron tanto o más que los ganadores pero se quedaron por el camino.


Naúfragos en un mar de lágrimas, enfadados consigo mismo, abrumados por no responder a las expectativas propias o ajenas. Con la terrible sensación de que tanto sacrificio ni sirvió para nada. No es así. El deporte no es matemático. Prepararse a la perfección aporta confianza, pero no implica cumplir el objetivo. Como en la vida, hacer las cosas bien ayuda, pero no garantiza el éxito ante tantos factores incontrolables. La espeluznante lesión del gimnasta francés Samir Ait Said es un buen ejemplo de ello. Los servicios de emergencia, por cierto, casi lo rematan al tirarlo al suelo cuando lo introducían en la ambulancia. 

La vida y el deporte no entienden de justicia, aunque a veces premien a personas extraordinarias. La inmensa mayoría de participantes en Río se marcharán sin medalla, con el tiempo añorarán el privilegio de disfrutar de una experiencia vital semejante.

Publicado en La Región (08-08-2016)