
Queda claro que el orden de las palabras sí puede alterar su significado.
En 1988 Yugoslavia era un polvorín integrado por seis repúblicas socialistas y dos provincias autónomas, con tres religiones y un creciente enfrentamiento étnico. Bajo el mando de Josip Broz, más conocido como 'Tito', el país se mantuvo unido con mano de hierro. Tras la muerte del lider eterno, en 1980, los fanáticos de uno y otro lado comenzaron la loca carrera hacia el abismo.
'La muerte de Yugoslavia' es un excepcional documental producido por la cadena británica BBC, que nos explica el origen, desarrollo y final de un terrible conflicto asentado en medio de la próspera europa en los años 90. No deja títere con cabeza, y permite a todos sus protagonistas -hasta los más extremistas- dar su versión. No hay ideas preconcebidas ni censuras interesadas. Son la vida y la muerte, la virtud y la miseria humana en plena exposición. Es, en resumen, el resultado de lo que el nacionalismo -esa "enfermedad incurable" que definía Einstein- puede lograr cuando líderes irresponsables y visionarios arrastran a las masas, más o menos cultas, a la autodestrucción. Imprescindible terapia de choque para los independentistas más cerriles. Los que aún tengan remedio, claro.
Milan Kucan (Eslovenia), Vasil Tupurkovski (Macedonia), Monir Bulatovic (Montenegro), Alija Izetbegovic (Bosnia), Franjo Tudjman (Croacia) y Slobodan Milosevic (Serbia) fueron los encargados de comenzar la autodestrucción. Los tres últimos, los grandes impulsores de la guerra y toda su miseria, empleando todos los medios para crear la gran Serbia ortodoxa y pura, la gran Croacia católica o la gran Bosnia musulmana. Dieron alas a todo tipo de asesinos y permitieron las limpiezas étnicas que se practicaron en todos los territorios, ante la pasividad de una ONU bochornosa y patética. Las tribus se comieron unas a otras hasta que los Estados Unidos decidieron intervenir. Así es nuestro mundo.
Como en todas la guerras hubo héroes anónimos y conocidos. Bosnios, croatas y serbios con sentido común que creían en la igualdad y el orden, en la convivencia de todos bajo la misma ley. En un estado por encima de creencias y etnias. Es duro comprobar que fueron asesinados, apartados o impotentes ante la locura general. La muerte de Yugoslavia es una lección para no olvidar nunca. Atentos, españoles.
Nueve dedos se ha dejado Juanito Oiarzábal (Vitoria, 1956) repartidos por las cumbres de todo el mundo. Pero la atracción que suscita en él la montaña es absolutamente incontenible. El primer español en coronar los 14 'ochomiles' sin necesidad de oxígeno asistencial presenta su séptimo libro, su idilio con los Pirineos, zona que conoce como la palma de su mano.
Juanito -así le llamarán aunque sople 90 velas- recuerda las múltiples aventuras, sufridas y disfrutadas, aportando fotos nunca vistas de su colección particular. Para chalados de la montaña como usted.
'Los Pirineos de Juanito Oiarzábal', escrito por Juanito Oiarzábal y Kiko Betelu. Editorial Desnivel (Madrid, 2008). 160 págs.
Juanito Oiarzábal (Vitoria, 1956) lost nine fingers in the mountains around the world. But his fatal attraction is uncontainable. The first Spanish climb the 14 eight-thousanders without oxygen presents his seventh book, his romance with the Pirineos. Juanito remembers all his adventures and he provides photos of his private collection. A book for the crazy mountains like you.