SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

martes, 6 de agosto de 2013

MIGUEL TARÍN, LA DESGRACIA DE SUPERAR LOS SIETE PIES



En 1978, el entrenador de baloncesto Jaume Berenguer persiguió por Barcelona un gigantesco muchacho con pinta estrafalaria. Se llamaba Miguel Tarín Ruíz (1962) e iba a medir dos metros y 17 centímetros. Sería el proyecto culé más ambicioso, el ‘anti Romay’ a emplear contra el Real Madrid. Pero había un pequeño problema. El chico era un rockero romántico, con la cabeza en California, en conducir una Harley y en parecerse a Marlon Brando. El Barça se implicó en su formación, fue convocado por la selección, bautizado como ‘el Tkachenko español’, el primer jugador patrocinado por la emergente marca ‘Nike’… Pero no pasó de 39 partidos en la liga ACB, pululando entre varios clubes sin repercusión. En 1993 abandonó el baloncesto para siempre, hastiado por un escenario demasiado cruel y exigente para su carácter y personalidad. Además, este deporte no era en absoluto su pasión, una desgracia cuando sobrepasas los siete pies. Tarín se refugió en una granja granadina, donde llegó a cuidar a decenas de perros. Hoy, ecologista convencido, reniega de su carrera deportiva y del mundo. Siempre fue un rockero atrapado en un cuerpo de jugador de baloncesto. Una desgraciada paradoja. Para él, la nobleza de un perro supera a la de la inmensa mayoría de humanos.

Publicado en La Región (30-11-2009)