SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

sábado, 5 de junio de 2010

KAWAISHI, el judo de otro tiempo


Si se le preguntara a cualquier maestro de judo, menor de cuarenta años, por tercera de pierna, primera de brazo, o sexta estrangulación de la primera serie, es casi seguro que, ninguno sabría a qué corresponden estas denominaciones. Pero ésta era la manera habitual de llamar a las técnicas en el judo español hasta, aproximadamente, mediados de los setenta.

El autor de este método de clasificación de los movimientos y técnicas de judo, de gran éxito durante muchos años en Europa continental, fue el maestro japonés Mikinosuke Kawaishi, uno de los fundadores de judo francés y personaje de capital importancia en el desarrollo del judo europeo.

Mikinosuke Kawaishi, nace en 1899, en la localidad japonesa de Himeji, a unos cien kilómetros de Kyoto. Estudia Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Waseda. En 1925, siendo 4º dan de judo y también experto en kendo, parte para California y viaja por distintos lugares del continente americano dando clases de judo, a la vez que, con el seudónimo de Matsuda, también acepta desafíos de boxeadores y luchadores, aunque esta faceta de su vida, no le gustaba demasiado recordarla.

En octubre de 1931, llega a Londres y durante dos años está de instructor-asistente en el Budokwai, club creado en 1918 por Gunji Koizumi, el introductor del judo en Gran Bretaña. Es aquí donde ve los cinturones de color, que mas tarde él implantaría con gran éxito en Francia. En octubre de 1933 sale, por divergencia de criterio, del Budokwai, pero continúa en este país dando clases, entre otros, en el Club Anglo-Japonés de James Cawkell. Tiene también, algunos problemas con la Justicia, derivados de una agresión y de no respetar la legislación que regula la residencia de extranjeros, lo que complica su estancia en Inglaterrra.


A instancias de la Asociación Israelí de Jiu-Jitsu, sita en la calle Beaubourg de Paris, llega, en octubre de 1935, a esta capital; tiene en ese momento 36 años. Parece ser que el cometido, era la preparación en técnicas de combate cuerpo a cuerpo, a comandos de la organización Irgún. En todo caso, esto dura poco y en el mismo sitio Kawaishi crea, en junio de 1936, el Club Franco-Japonés de Jiu-Jitsu, e igual que les pasó a sus antecesores de los años veinte, Hikoichi Aida y Keishichi Ishiguro, ve como el judo no cuaja y los alumnos son pocos.

Por mediación del embajador japonés conoce a Moshe Feldenkrais. Feldenkrais es un científico judío, asistente de Frederic Joliot, que comenzó enseñando jiu-jitsu en la calle Thénard a la elite intelectual, social y científica parisina. En 1933 contacta con el fundador del judo, Jigoro Kano, en una visita de éste a Paris, y lo mismo que hizo Koizumi en Gran Bretaña, cambia el jiu-jitsu por el judo.

Kawaishi cierra su club y se va con sus pocos alumnos a la sala de Fedenkrais, que en septiembre de 1936 se convierte en Jiu-Jitsu Club de Francia, de la que él pasa a ser el director técnico, y aquí comienza su imparable ascenso que le convertirá en el personaje mas importante del judo de esa época. Kawaishi junto con Moshe Feldenkrais, que tuvo que huir a Inglaterra cuando la ocupación alemana, y Paul Bonet-Maury, son los auténticos fundadores del judo galo.

Kawaishi, se da cuenta de la diferente mentalidad que hay entre los europeos y los japoneses y cree que la introducción al judo debe hacerse de otra manera. Con la ayuda de Feldenkrais concibe un método de clasificación de las técnicas de judo que en 1951 plasma en un libro que se haría muy famoso, Mi Método de Judo. Este libro, con dibujos y texto de otro de sus alumnos, Jean Gailhat, contempla 147 técnicas encuadradas en diferentes grupos, brazo, hombro, pierna etc., distinguiéndose cada una por un número ordinal (1ª de brazo, 6ª de cadera, 4ª inmovilización…). En este método, hay también, luxaciones de pierna y de cuello, totalmente excluidas del sistema Kodokan. La defensa personal es parte inherente de su método y Kawaishi introduce además, los cinturones de color, que anteriormente el había visto durante su etapa en el Budokwai de Londres.


El acierto es total y el judo tiene un gran desarrollo y no solo en Francia. Mas tarde, sus alumnos y los alumnos de sus alumnos, como Henri Birbaum en España, Jean de Herdt en Bélgica y Holanda, Marc Scala en Montreal, Robert Marchant en Noruega, Jean-Georges Vallé en Lausana y Ginebra, Andrés Kolychine en Cuba, etc., llevaran su método por casi toda Europa, las colonias y áreas de influencia francesa, así como diversos lugares del mundo.

Durante varios años, con un interregno entre 1944 y 1948 que tiene que irse al Japón a consecuencia de la II Guerra Mundial, Kawaishi dirige el judo francés como un padre de familia severo e intransigente y no tolera otro sistema ni criterio que no sea el suyo. Jean Beaujean, uno de sus primeros alumnos, y Georges Duchêne, se van al Japón a conocer el judo del Kodokan; a su vuelta Kawaishi quiere retirarles el cinturón negro, atropello que impide el Colegio de Cinturones Negros, después de una tensa discusión y por muy escasa votación. Su autoritarismo y avidez de dinero, que dilapida en los canódromos, su otra gran pasión, irán creando una fuerte oposición a su persona.


Por otro lado, Kawaishi propicia en 1950, la primera competición femenina, que gana la señora Agisson, en una época en que los combates de mujeres no se veían bien y, además, sesudos informes médicos desaconsejaban la competición. La iniciativa, muy innovadora para la época, tampoco fue más allá, y no es hasta 1974 cuando se celebra el primer campeonato de Francia femenino.

En julio de 1951, llega a Paris, Minoru Mochizuki, 6º dan de judo, 8º de aikido y también experto en otras artes marciales. Mochizuki es el primero en mostrar el judo Kodokan, pero Kawaishi le obliga a que conozca su método o dedicarse al aikido. Su desacuerdo con Kawaishi hace que abandone Francia al poco tiempo.

Meses mas tarde, en noviembre de ese mismo año, llega a Toulouse un joven 6º dan, Ichiro Abe (hoy 10º dan). Es el representante del Kodokan para Europa y su forma de hacer judo atrae a un importante grupo de profesores y destacados judokas, ya que la encuentran más fluida y menos rígida.

Ichiro Abe, también tendrá que irse, por la oposición de Kawaishi, y se instala en Bélgica, pero viene periódicamente a Francia a enseñar en los club de sus seguidores que ya son muchos. El enfrentamiento entre los kawaishi y los kodokan, da lugar, en 1954, al primer cisma del judo galo, con la creación de una federación paralela y el comienzo del declive de la influencia y poder de Kawaishi. En 1956, se vuelve a la unidad, con la fusión de las dos tendencias en el seno de la Federación Francesa, aunque los problemas y escisiones del judo galo continuaran durante muchos años.

Kawaishi ya no es, a partir de 1956, el maestro indiscutible de antes, su autoridad y poder de otro tiempo van desapareciendo. En la calle Boyer-Barret, está su último club, que lleva con la ayuda de su hijo; vive de estos ingresos y la pensión que le da la Federación.


En 1961 se celebra en París el III Campeonato del Mundo de Judo (donde se produce la consagración del holandés Antón Geesink, judoka descubierto en sus inicios, por Jean de Herdt, el más fiel discípulo del fundador del judo francés). Kawaishi, cuyo tiempo ya ha pasado, ve la competición desde las gradas del Coubertain. En su presentación al público,- el público de judo es siempre, en su inmensa mayoría, judokas en activo o retirados -, recibe una calurosa ovación, haciendo que los ojos del Maestro se llenen de lagrimas. Es su última aparición oficial.

Mikinosuke Kawaishi, murió en enero de 1969, y con él se fue una época y una forma de entender el judo. La Federación Francesa le concedió, a titulo póstumo, el 10º dan.



Rokudán