SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

lunes, 25 de enero de 2010

"AVATAR", O EL MITO DEL BUEN SALVAJE


Las críticas, el público y los premios parecen alcanzar un acuerdo con la última película de James Cameron. Considero que no es bueno guiarse por ninguno de los tres factores, juntos o por separado, si bien acudí al cine con una ansiosa curiosidad por comprobar si “Avatar” respondía a todas las expectativas y opiniones suscitadas.

Primera recomendación. Hay que verla en el cine. No vale un deuvedé, una pantalla panorámica o una copia bajada de Internet. Es cine para disfrutar en la sala, en una pantalla grande, gigantesca a ser posible. (Este consejo lo hago extensiva a casi todas las películas, a excepción de las del cine español, el cual ya pagamos con intereses en cada artículo reproductor que compramos).

En mi opinión, “Avatar” no cambiará el cine, en todo caso sí los efectos especiales, magníficos. La historia que nos cuenta no es nueva, no llega a sorprender en su desenlace –aunque promete durante su desarrollo- y acusa defectos políticamente correctos.

En “Avatar” encontramos, varios años después de nuestra Era, una metáfora de la explotación natural, una crítica al excesivo consumo del mundo occidental, a las empresas multinacionales y al uso de la fuerza militar, compinchada con los intereses económicos. (No deja de sorprender entonces que el gran héroe de la película sea un Marine). Es un canto a la naturaleza y al mito del buen salvaje, sin pecado original, de presumible bondad innata. El que domina su medio sin esquilmar sus recursos, el respetuoso con la tierra donde nace, pues mejor le acogerá en su seno a su muerte.

La primera conexión mental nos traslada a la época del descubrimiento de América, o al desembarco de la United Fruit Company en el sur del continente. (De las andanzas de británicos, franceses, holandeses, belgas, italianos y portugueses en África, curiosamente, nos olvidamos). En todo caso es sencillo identificar a los humanos como el homo sapiens occidentalis y a los habitantes de Pandora como a los primitivos americanos, los indígenas de la selva o las tribus en peligro de extinción en los cinco continentes. En la parte humana se diferencia entre los científicos, más interesados en relacionarse y conocer al extraño, y los comerciantes y militares, para quienes el fin material justifica cualquier método. El caso del protagonista es único, un Marine paralítico que pasará de uno a otro bando.

La recreación del planeta es, en mi opinión, magnífica. El director y sus ayudantes (presumo), crean un mundo fantástico, poblado por seres y fenómenos extraordinarios, que viven en plena armonía hasta la llegada de los invasores. Las costumbres y ritos de los Na´vi no se diferencian en exceso de cualquier tribu terráquea.

La moraleja es clara, comprensible. Respetemos la naturaleza y la forma de vida de otras culturas primitivas. No derrochemos nuestros recursos, disfrutemos de la belleza, aprendamos a sentirla y rechacemos el consumismo excesivo de la sociedad occidental. Todo eso está muy bien cuando uno es un director en la elite, curiosamente gracias al consumismo cinéfilo de millones de personas y a los premios que otorgan las multinacionales del celuloide.

Es muy habitual en nuestro tiempo escuchar a personajes, perfectamente acomodados en ámbitos exclusivos de la sociedad occidental y capitalista, sin cabida ni sentido en las sociedades más primitivas, ofreciéndonos consejos eco solidarios y eco sostenibles a tiempo parcial, defendibles mientras no impliquen su cartera, sus vacaciones, su posición social y sus privilegios. Que una cosa es predicar el regreso a la naturaleza y otra es quedarse sin Internet 24 horas tarifa plana, el último modelo de Ferrari y la isla privada en las Maldivas. Que vivir como un salvaje es maravilloso durante una tarde, pero seguir ciertas costumbres de las diferentes tribus de nuestro planeta –lean, sin ir más lejos, las de los Angus en la columna de la derecha, quienes ingieren los líquidos de sus muertos, entre otras lindezas- ya es otra canción.

Así es muy bonito ser ecologista. También nos gustaría a nosotros, en Hollywood.