SIGUE SOÑANDO


Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream.

olimpiaduerme@gmail.com

lunes, 2 de marzo de 2009

ALEMANIA, AÑO CERO

Estamos de enhorabuena en nuestra pequeña Orenseville. Después de una larga temporada de travesía por el desierto cinéfilo, vivimos un excelente momento en la cartelera áurea. Sea por la cosecha de esta temporada, sea por aprovechar el momento hollywoodiense, lo cierto es que podemos disfrutar –no se sabe por cuánto tiempo- con magníficas y buenas películas. Lo cual ya es un gran mérito.

Permítanme que les escriba y opine sobre las dos últimas que he visto. Son “Valkirye” (Valkiria) y “The Reader” (en España, “El Lector”). A ambas les une su relación con la Alemania nacional-socialista, un momento de la Historia cuyo rechazo en la actualidad sólo es comparable a la fascinación que suscitan sus protagonistas y esa masa enfervorizada que se embarcó hacia la debacle (de no ser por los estadounidenses, quizá hasta la imposición del Reich mundial).




En “Valkiria” se aborda aquella Alemania desde la primera perspectiva. La de un condecorado militar de tradición que servirá de punta de lanza para realizar un atentado contra Hitler. Se conocen al menos unos 15 intentos de asesinato contra el Fürher, a quien respaldaba un servicio de seguridad extremo y un pueblo entregado a sus delirios. Tom Cruise encarna al barón Von Stauffenberg , decidido a sacrificar su vida y el destino incierto de su familia (que fue enviada a los Campos de Concentración) para deshacerse del máximo líder y facilitar una rendición honrosa que evite las muchas muertes innecesarias –y los muchos bombardeos de castigo- las represalias de los enemigos –especialmente de los soviéticos, quienes convirtieron Berlín en un gigantesco burdel- y la reducción a las cenizas del orgullo y poder germano.

¿Mejoraría la muerte de Hitler el futuro inminente de Alemania? Imposible saberlo. Von Stauffenberg no estaba solo en la conspiración. La idea consistía en llenar el vacío de poder dejado tras el asesinato, siguiendo el “Valkiria”, un plan de emergencia ideado por el propio Hitler para mantener el orden y el funcionamiento del sistema en su ausencia. Los conspiradores habían modificado el plan para tener el control militar de las calles y eliminar a las temidas SS, obstáculo definitivo para abordar cualquier negociación de rendición. Paradoja, terminarían con el nazismo siguiendo las propias directrices de Adolf Hitler.

La película es correcta, bien narrada. Cojea, en mi opinión, por la interpretación de Cruise, quien sólo me convenció en “Nacido el 4 de Julio”. Por ciertos detalles que no coinciden con la realidad y por ese inevitable toque americano, sin cabida en una película sobre alemanes. Algunos críticos también le achacan a esta película su falta de emoción, ya que de todos es sabido el final de la conspiración (aunque aquí creo sinceramente que estiman en exceso al público común).

Pese a todo, me encanta que el cine aborde temas históricos y despierte la curiosidad entre el espectador. Por muy malas que sean “Troya”, “300” o “El Reino de los Cielos” , creo que siempre pueden moverle a leer un libro o un artículo para saber más. O a convertirse en un experto aficionado sobre el tema. El interés por la Historia es una de las asignaturas pendientes de nuestro cine español -una de tantas- lleno de complejos, tics progres y nulos conocimientos.




En la perspectiva del ciudadano alemán común se sitúa la magnífica “The Reader”. La opinión de esta película la dividiré en dos partes. La primera para quienes todavía no la hayan visto y quieran hacerlo, y la segunda para quienes ya la vieron.

“The Reader” es la historia de un secreto guardado durante años. Comienza a finales de los años 50 en una Alemania que se recupera de la Guerra a base de duro trabajo (ya tenemos la receta para salir de la crisis). El adolescente Michael (David Cross) vive un primer e intenso romance veraniego con una misteriosa taquillera de tranvía. Se llama Hanna -extraordinaria Kate Winslet, que comparta un Oscar con nuestra Pe resulta casi irritante- quien dobla en edad y sorprende al joven por su fuerte carácter, por su sexualidad sin disimulo.

El muchacho, obnubilado ante los descubrimientos del mundo real, no repara en el voluble comportamiento de su amante, en la insistente costumbre de escuchar su lectura antes de terminar en la cama, en la extraña reacción de Hanna al entrar en una iglesia donde los niños cantan en el coro. No se atreve a hacer preguntas, por temor a una respuesta cortante o hiriente. Mantiene una relación a medio camino entre la servidumbre y la ilusión del primerizo, evitando a las chicas de su edad.

Todo terminará cuando Hanna desaparece sin dar explicaciones, sumiendo a Michael en una depresión, que además debe ocultar, y un carácter esquivo con las mujeres. Pervive en su interior la pregunta eterna. ¿Por qué se fue sin decir adiós?

(Fin de la primera parte. Corran a verla).





Todo se aclara años después, cuando Michael es un estudiante de Derecho en la facultad y asiste a un juicio contra unas guardianes nazis. Ante sus todavía jóvenes ojos se encuentra de cara con la durísima realidad. Su idolatrada y misteriosa Hanna es una de las acusadas por crímenes de guerra. El dolor es mayor conforme Michael asiste a su desarrollo. Hanna está acusada de seleccionar en su campo a las sentenciadas a una muerte segura en Auschwitz. También está acusada de la muerte de cientos de madres y niños judíos, encerrados en una Iglesia incendiada por un bombardeo. Algunos supervivientes relatan el gusto de la guardiana Hanna por compartir las últimas horas con las enviadas al cadalso, tratándolas con cariño de madre, escuchando su lecturas y practicando no se sabe qué cosas. Un monstruo. Las respuestas de ella son escalofriantes, ya que, a instancias del juez, no se excusa en el miedo al castigo para justificar la decisión de mantener cerradas las puertas de la Iglesia. Se limitaba a cumplir las órdenes y a hacerlas bien, sin plantearse o confesar remordimiento. Tan sincera como cruel.

Aquí reside la terrible paradoja de la película. Más de ocho millones de alemanes se afiliaron al partido Nazi durante su apogeo. Hitler fue elegido por democracia. Muchos colaboraron sin dudarlo en los campos de concentración o en la denuncia de elementos disidentes, fieles al Fürher. Al término de la guerra, la situación para los judíos no mejoró en Alemania y, no cabe duda, muchos de quienes participaron en las atrocidades del régimen se reincorporaron a la vida cotidiana sin que nadie supiese su pasado, sin hacer al menos una reflexión sobre su comportamiento. Hanna era una de ellas. Una taquillera de tranvía cuyo poder años atrás decidía la vida o muerte de decenas de almas desgraciadas.

El dilema moral es terrible para Michael. Un compañero lo dice claramente en la clase: “Si me dan una pistola mataría sin dudarlo a esa asesina”. ¿Qué pasa por su cabeza? Sentimientos de frustración, de sentirse una víctima más, de asombro. Se había acostado, había acariciado y escrito poemas a una fría máquina exterminadora; a quien él tenía en un pedestal. Para más inri, es conocedor de un detalle trascendental en la sentencia de su antigua amante. Hanna es analfabeta, por lo tanto no pudo redactar el informe a las SS sobre lo sucedido la noche del incendio de la Iglesia. La diferencia puede ser de cuatro años a una cadena perpetua. ¿Debe interceder por una asesina confesa, en honor a la verdad, o dejar que reciba un más que justo destino?




Michael lo piensa hasta el último momento, pero opta por lo segundo. Hanna es condenada a pasarse el resto de su vida en la cárcel. Pero él no es capaz de exorcizar la relación. No consigue estabilidad en su vida y vive atormentado por un secreto, que sólo confesó a medias a su profesor de filosofía. La obsesión es tal que retoma el contacto y decide enviar a la prisión durante una larga temporada cintas de casete con grabaciones a viva voz de los libros que le leía aquel inolvidable verano. Hanna las recibe como un tesoro y, con mucho tesón, aprende a escribir de forma autodidacta. Le pide más libros y una visita.

El tiempo pasa. 20 años después Hanna obtiene la libertad y Michael, único contacto con el mundo exterior, es requerido como apoyo para su reincorporación a la sociedad. Aquí está una de las escenas más fuertes de la película. El adolescente, que ahora es un hombre maduro se encuentra en el comedor de la prisión con la treintañera, que ahora es una abuela. Michael busca una lágrima, una confesión de arrepentimiento, una petición de perdón, instigada por años de reclusión y la reflexión por el dolor causado. No la encuentra. “Los muertos, muertos están. Eso no se puede cambiar”. Hanna sigue igual. Aprender a leer no la ha redimido, por muy buena literatura que hubiese tenido entre sus manos. Esta última desilusión es el empujón definitivo para que Michael pueda librarse del fantasma que le perseguía desde los 16 años. Lo enterrará de forma definitiva cuando confiese a su hija el secreto que guardó tanto tiempo. El suicidio de Hanna parece más una reafirmación en sus convicciones que un arrepentimiento.




La película nos muestra que el horror y la maldad humana no tiene que ser necesariamente protagonizados por personas de tosca apariencia o mirada asesina. Que el lobo que todos llevamos dentro, domesticado por siglos de leyes religiosas, morales y legales, puede salir en cualquier momento. El caso de millones de pacíficos y cultos alemanes, seducidos por Hitler, es un claro ejemplo. Muchos participaron convencidos en infinidad de barbaridades que nos ruborizarían. Muchas de esas personas vivieron, amaron y murieron después de la Guerra, sin un atisbo de arrepentimiento por lo sucedido. Sin que sus familias supiesen absolutamente nada, en algunos casos. Así es la condición humana.

jueves, 26 de febrero de 2009

SUEÑOS (IX): SPUD WEBB, UN COLOSO ENTRE GIGANTES

8 de febrero de 1986. Estadio Reunion Arena de Dallas (Texas). Concurso de Mates del All Star de la liga NBA de baloncesto. Los participantes salen al ruedo. Entre varios y excepcionales atletas de ébano de no menos de dos metros -los impresionantes Dominique Wilkins o Terence Stansbury, por ejemplo- se encuentra un pequeño jugador con cara de niño, que apenas roza el 1,70 de estatura. ¿Es una broma o parte del espectáculo?

En absoluto. Si usted tiene la oportunidad de verlo, le levantará del asiento. Anthony Webb, bautizado como "Spud" por su abuela, porque su cabeza le recordaba al Sputnik soviético, se propulsa hasta mucho más arriba de los 3,05 metros de la canasta con una potencia impensable por su apariencia, y vence a todos sus rivales, con un público absolutamente entregado que corea su nombre. Su capacidad de salto, un don de la naturaleza.



Anthony Webb nació el 13 de julio de 1963 en Dallas, Texas (Estados Unidos) y se retiró de la competición en 1998. En la actualidad vive en su ciudad natal y ejerce de comentarista deportivo. En 2007 fue homenajeado en el concurso de Mates por otro genial bajito, Nate Robinson, a la postre campeón.

miércoles, 25 de febrero de 2009

ASÍ ES LA VIDA


Revisando la prensa del pasado lunes, encontré por pura casualidad en las páginas de "El Correo Gallego", una carta al director escrita por una mujer, llamada Doris Sánchez, que expone una interesante filosofía del vida sobre el Dolor.

Nadie quiere sufrir dolor, por lógica, pero evitarlo a toda costa -o taparlo con sucedáneos- significa huir de una inevitable parte de nuestra vida. Porque, lo bueno y lo malo, la alegría y la tristeza, el placer y el dolor, son las dos caras de nuestra trayectoria vital. Por lógica, escribimos sobre el dolor natural. El de una enfermedad cotidiana, el de la muerte de un ser querido, el de no lograr un trabajo... No es una inclinación por el masoquismo, desde luego. Son las pruebas que todos debemos pasar y superar desde que nacemos. Las que nos hacen mejores y más fuertes. Me ha parecido una carta conmovedora, escrita por la inquietud de una ciudadana anónima. Espero que les guste.

viernes, 20 de febrero de 2009

¿ROBO? MÁS BIEN, DESACATO

¿Han robado a Rudy Fernández en el Concurso de Mates de la NBA? El excelente papel de nuestro compatriota en Phoenix quizá ha hecho desvariar a algunos especialistas y muchos aficionados al baloncesto en general y a la NBA en particular. El orgullo por ver a nuestro Rudy competir contra los mejores especialistas no evita el reconocer que necesitaba subir un escalón más para llegar a la final.

Analicemos sus mates. El primero contiene una enorme carga de nobleza, de respeto y recuerdo por el pasado. Rudy se quitó su camiseta y descubrió una réplica con el número 10 del malogrado Fernando Martín (mala réplica, porque recuerden que el propio Fernando exigió y logró en su momento el acento en la "i"). Lo importante era el detalle, que seguro emocionó a millones de españoles y muy especialmente a su familia. Ha causado mucho malestar que el comentarista de la televisión estadounidense, Kenny Smith (a quien probablemente le robaron el concurso de Mates de 1990 en Miami, en favor de un Dominique Wilkins sin alma ni sentimiento) afirmase que el gesto era en favor del cantante Ricky Martin (claro, no leyó el acento). Lo cierto es que si pretendemos que el público estadounidense recuerde al español Fernando Martín, quien jugó 24 partidos con Portland en la temporada 1986-87, vamos por mal camino.



Retomemos. Restando la carga emocional, nula en un jurado que sabe de la liga ACB lo que el españolito de a pie de la Major League de Béisbol, el primer mate no tiene más dificultad -pongámonos en la piel de Rudy- que acertar con el tablero enviando la pelota por detrás de la espalda en una buena situación para machacarla a una mano. No se si el 42 sobre 50 es poco, pero en mi opinión no supera cualquiera de los mates realizados por Davis, Robinson o Howard en esa primera ronda.

Segundo mate. Una maravilla con la colaboración de Pau Gasol. Remonta la línea de fondo, recibe el balón rebotado en la parte opuesta del tablero y la mete a aro pasado. Coordinación, control corporal y máxima extensión del brazo. Gran plasticidad y efecto estético. Un buen póster, sin duda. ¿Error? Pau y Rudy consumieron el tiempo disponible. No lograban coordinarse. La organización les permitió un intento más y -bravo por el riesgo- lo completaron. Nuevo 42, sin duda muy bajo. Pero quien haya visto más concursos sabe que la suma de continuos intentos resta el efecto sorpresa del mate y, la puntuación. La eliminación, sin embargo, se frustró en el primer intento. El gesto de Rudy ante la cámara, pulgar abajo en alusión al jurado, tampoco me gustó. Muy poco elegante.



Rudy debe entender que está pagando un peaje no escrito, como en su día hizo hasta el mismo Jordan (ahora es un mito, pero recuerden perfectamente como en 1987 estaba considerado un chupón, discriminado por sus compañeros del Este en el All Star -detalle que marcó su odio enfermizo contra Isiah Thomas- y por debajo de Magic, Erving o Bird). Hoy muchos lo consideran el más grande. Ya ven cómo cambia la plaza. En conclusión, el talento siempre sale a relucir y Rudy lo posee. En Portland ya reconocen su calidad y pronto lo hará toda la liga. Paciencia, trabajo y talento.

Lo que no parece poseer, o al menos no consigue soltarlo, es ese toque 75 por ciento de hortera y 25 por ciento de showman de sus rivales. Véase uno de los mates de Superman Howard, cambiándose en una cabina y machacando una canasta auxiliar muy por encima de los 3,05 habituales. El contenido fue más bien pobre, pero el envoltorio y la parafernalia engañaron al público y a algún jurado. Todo influye, sin duda.



No cabe duda que tanto Dwight Howard como Nate Hamilton son dos portentosos atletas. No puedo dejar de escribir sobre el primero. Recuerdo aquel memorable concurso de Mates de 1986, en Dallas, donde Spud Webb, con su 1,70 metros me hizo levantar del sillón. No había visto nada parecido hasta la irrupción de este pequeño jugador con corazón de león. Pasan los años y mejora la raza. Robinson salta incluso más que Spud. El mate por encima de los 2,10 de Howard es una obra de arte que merece ser degustada a cámara lenta y con el mejor fondo musical. Participe quien participe, el vencedor moral siempre es este indomable saltador. Hamilton es la realidad de nuestros sueños. Del sueño de volar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

REVOLUTIONARY ROAD, O LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL MATRIMONIO

12 años después de la celebrada "Titanic", Sam Mendes reúne a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en una película sobre las relaciones de pareja. Ambos actores caminan hacia su madurez y, doblajes aparte, realizan una fenomenal interpretación. DiCaprio ya me gustó en "El Aviador" o "Gangs of New York". Winslet vive el año de su verdadero reconocimiento mundial.

"Revolutionary road" es el lugar donde vive el joven matrimonio de los Wheeler -quizá no tan joven para los años 50- de inmejorable imagen entre sus vecinos aunque menos poético en la realidad. Desde el comienzo se intuye el origen de los problemas. April (Winslet) es una actriz frustrada, cuyos sueños de grandeza se mantienen en suspenso tras el nacimiento de los hijos de ambos. Frank (DiCaprio) posee un pico de oro, es un fanfarrón aventurero que aprovecha las oportunidades que pasan ante su "mediocre" vida. La diferencia con respecto a su mujer es que, más pronto o más temprano, Frank tiene los pies en el suelo. Aunque el suelo sea de barro.

Todo se complica cuando April pretende dar un giro radical a la vida de ambos y propone a su marido vender casa y coche, sacar todos los ahorros y mudarse con los niños nada menos que París. Allí ella mantendrá a la familia mientras él -a quien nadie reconoce su talento- se toma su tiempo para "decidir" a qué se va a dedicar en su vida. La razón de esta decisión no es otra que encontrar el verdadero sentido a su matrimonio y huir de lo que ella considera una existencia mediocre.

Tan descabellada idea encuentra acomodo en un ilusionado Frank, hasta que sucede un hecho impensable hasta entonces. Le proponen un suntancial aumento de sueldo y categoría; además, mantiene su ego en un punto álgido, ya que tiene éxito entre las empleadas de la empresa. Fiel a su caracter veleta, ahora se siente feliz y no le compensa un cambio radical en su carrera.

Incapaz de confesar sus verdaderos sentimientos y afrontar el problema. Frank urde un plan muy a la gallega. Dejar embarazada de nuevo a April y esgrimir este tercer hijo como excusa para quedarse en los Estados Unidos. La estrella de Frank resplandece mientras la de April se apaga. Pero ella no quiere perder su sueño y está dispuesta a abortar. Lo que sea, con tal de escapar. Los hechos se precipitan desde este momento, afectando a sus mejores amigos, vecinos... y no a los hijos, porque parece que el propio director ejerce un manto protector sobre ellos.



No les cuento cómo termina la película. Vayan a verla. La reflexión que el director consigue, sea su intención o no, es que las relaciones de convivencia nunca son sencillas. A veces una parte se crea unas espectativas -consigo o con la pareja- que no responden a la realidad y terminan en fracaso, porque esta persona no es capaz de salir de su mundo fantástico.

También reflexionamos sobre el significado de una vida mediocre y otra exitosa. ¿Se mide por el tipo de trabajo, el estatus económico, la posición social o los sentimientos? ¿Somos conscientes de la responsabilidad de traer un hijo al mundo? Son preguntas que nunca pasarán de moda.

Por último, me gustaría incidir en dos detalles, en mi opinión trascendentales en la película. Mientras el matrimonio de Frank y April camina hacia el cadalso, el director nos muestra otros dos que sobreviven a los malos momentos. El vecino y mejor amigo de Frank supera una crisis con su pareja recurriendo al olvido y al conformismo, ya que estaba profundamente enamorado de April. El casero de los Wheeler, un hombre mayor amargado por un hijo esquizofrénico y una mujer incansablemente habladora, recurre a bajar el sonotone para soportar el hastío ante tanta incontinencia verbal.

Son dos ejemplos de adaptación a dos situaciones nada románticas: cuando no sientas atracción por tu mujer o estés harto de escucharla. ¿Debe imperar el pragmatismo o deben fluir libres los sentimientos verdaderos? (En la fantástica Match Point, de Woody Allen pueden encontrar otro punto de vista).

sábado, 14 de febrero de 2009

STANLEY KETCHEL, EN EL NOMBRE DE LA MADRE


"Háganle la cuenta, seguro que se levanta a la de ocho", gritó un aficionado durante su entierro. El boxeador estadounidense Stanley Ketchel (1886-1910) se forjó en la más absoluta crueldad. Nacido como Stanislaus Kiecal, fue testigo del asesinato de sus padres polacos, a los 14 años de edad. Vagabundeó, robó y actuó como matón en la durísima Michigan de finales del XIX. Pronto encauzó toda la rabia contenida en el boxeo. Peleaba y tumbaba a rivales más fuertes, aunque no tan necesitados como él. Siempre se imaginaba que insultaban a su madre, por la que profesaba auténtica devoción, y soltaba la ira en el ring. En 1908 fue campeón de los pesos medios. Un año después engordó 20 kilos y se atrevió -no conocía el miedo- contra el gigante Jack Johnson, un combate que le aportó gloria y le costó varios dientes. Mujeriego y extrovertido, pese a su dura infancia, se dijo que un granjero celoso le acribilló a tiros por engañarle con su mujer. No fue así. La Historia demostró que el matrimonio estaba compinchado para robarle, pero no sabían que una fiera salvaje nunca se rinde, y opuso resistencia. Una vida de cine. Al menos Hemingway le dedicó un cuento.

Publicado en La Región (14-01-2008).

jueves, 12 de febrero de 2009

FABRICANDO AL HUMANO PERFECTO


La búsqueda del ser humano perfecto -con la consecuente eliminación de los imperfectos en la mayoría de los casos- no ha sido una paranoia exclusiva del régimen nacional-socialista, o de científicos transtornados. Lean el extraordinario caso de la ferrolana Aurora Rodríguez Carballeira, mujer de la alta burguesía ferrolana del siglo XIX, marxista y feminista radical hasta el grado que a continuación comprobarán.

La motivación de su vida fue concebir a la mujer perfecta y la lider feminista del futuro, la abanderada de la nueva revolución. Las consecuencias del experimento son hoy estudiadas por los psiquiatras. Una vez más comprobamos que nuestra mente es capaz de las mayores locuras por cumplir un ideal. Un fin que puede convertirnos en un monstruo. El historiador, que tantas veces hemos recomendado, Hilario Fernández, realiza una breve semblanza de su vida en las páginas de El Correo Gallego.

lunes, 9 de febrero de 2009

SUEÑOS (VIII): JONATHAN EDWARDS, EL HIJO DEL PREDICADOR

7 de agosto de 1995. Mundial de Atletismo en el Estadio de Gotemburgo (Suecia). Final de la prueba de triple salto de longitud. Un blancucho fibroso, con pinta de monaguillo y una aparente facilidad atlética, supera al dominante "black power", batiendo el récord del Mundo por dos veces -18,16 y 18,29 metros- ¡en apenas media hora de diferencia!

Jonathan Edwards era el hijo del predicador baptista de Devon, al sudeste de Inglaterra. Un ferviente creyente que había renunciado a la final de Tokio, en 1991, por coincidir en domingo, día de descanso sagrado. El cambio de entrenador y de técnica, además de una profunda reflexión con su padre, le hicieron más permisivo con sus creencias, sin perder la humildad. Un héroe digno de la película "Carros de Fuego".


Jonathan David Edwards nació el 10 de mayo de 1966 en Londres (Inglaterra). Ganó una medalla de Oro olímpica en Sydney y se retiró en el año 2003, a los 37 años. Vive en Newcasttle, junto a su esposa y dos hijos.

Publicado en La Región (4-12-2006).