SIGUE SOÑANDO


Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream.

olimpiaduerme@gmail.com

martes, 29 de abril de 2008

RUBIN CARTER ¿SE PUEDE ENCERRAR A UN HURACÁN?


"Esta es la historia del Huracán", cantaba Bob Dylan en 1975. El boxeador estadounidense Rubin Carter (New Jersey, 1937) vivió más años en la cárcel que en la calle. A los 14 fue enviado al correccional, a los 17 se fugó y se alistó en el Ejército, donde fue expulsado. A los 20 lo enclaustraron en una prisión de máxima seguridad. Allí acumuló todo el odio necesario para arrollar a sus rivales tras su irrupción en el ring. Hasta 1964 fue un temible pegador entre los pesos medios, hasta que una escandalosa derrota contra Giardello lo sumió en una profunda impotencia. Descuidó su nivel y se perdió en la noche más oscura. Era un alma sin rumbo pero no un asesino. En 1966 le acusaron de acribillar a balazos a tres personas en un bar, mediante pruebas insostenibles y testigos sobornados. Fue condenado a cadena perpetua. Tras tres apelaciones y una movilización intelectual intermitente fue liberado, en 1985. 19 años después. Hoy vive en Canadá. "Podía haber sido el campeón del Mundo", cantaba Dylan.

Publicado en La Región (16-04-2007)

domingo, 27 de abril de 2008

BLANKA VLASIC, FORJADA EN LA AUSTERIDAD



La semana pasada el diario El Mundo publicaba en su Suplemento de Deportes un interesante reportaje sobre la saltadora de altura croata, Blanka Vlasic. (Desearía poner un vínculo, pero la página es de pago). El reportaje firmado por Eduardo J. Castelao describe el método de entrenamiento de quien se espera supere la marca mundial en los próximos Juegos Olímpicos de Pekín.

Vlasic (8 de noviembre de 1983) de enormes ojos y mirada de reptil se entrena en un destartalado local en el cuarto piso de un centro comercial en su natal Split, llamado nada menos que Broadway Kina. Un gimnasio improvisado por su padre y entrenador, Josko, que nos recuerda a los que veíamos en los reportajes deportivos de la antigua Unión Soviética y sus países satélites. Nada que ver con los Centros de Alto Rendimiento de la próspera Europa, aunque el resultado sitúa al desangelado lugar entre los mejores. Sin vídeos, sin fisioterapeutas, sin más ordenadores que un cuadernillo color verde de su padre. Una vez más se comprueba que el talento y el hambre de triunfo se crecen ante la escasez. ¿O será ese el secreto para no acomodarse y superar cualquier adversidad?

Blanka tiene tres hermanos: Luka, Marin -quien jugó en la NCAA pero ahora piensa retomar el atletismo- y Nikola, de quien se dice es un prodigio en el fútbol a sus nueve años. Cuenta con unas excepcionales condiciones físicas, un ambiente familiar deportivo y la mentalidad adecuada para trabajar cada día. En el Mundial de Osaka saltó los 2,05 metros para el oro, marcándose el bailecito de las imágenes. En Pekín intentará superar los 2,09, el récord actual de Stefka Kostadinova. Lo consiga o no, su empeño es un ejemplo para tantos jovencitos que hoy se quejan porque no quieren entrenarse cuando llueve o no están dispuestos a sufrir para alcanzar la gloria. Esta chica gana dos millones de dólares y cada día abre el gimnasio a las 8,00 de la mañana.

jueves, 24 de abril de 2008

ELEGANCIA INNATA: WAYNE RAINEY (VI)

Exísten personas que son capaces de expresarse a través de un objeto. No sólo con un balón en sus manos, en sus pies o con una raqueta. También sobre una bicicleta, moto o dentro de un vehículo. El californiano Wayne Rainey (Los Ángeles, 1960) fue uno de ellos. Un piloto que manifestaba una elegancia inusual al manillar, de quien se decía "corre sobre un rail". Rainey fue uno de los protagonistas de una época dorada en los 500 centímetros cúbicos (ahora comienza otra no menos apasionante en Moto GP) compitiendo contra los Schwantz, Doohan, su mentor Lawson, Mamola, Kocinski... Un espectacular elenco entre los cuales reinó entre 1990 y 1993. Por desgracia, todos los demonios se juntaron un fatídico 5 de septiembre de 1993 en el circuito italiano de Misano, donde perdió el control a unos 155 kilómetros/hora, saliéndose de la pista sin aparente gravedad en un principio. Rainey perdió la movilidad bajo su cintura desde entonces, siendo condenado a perpetuidad (si la ciencia no lo remedia antes) a ver los toros desde la barrera. La vida es, en muchas ocasiones, cruel. En lo cotidiano es fácil de imaginar el brutal cambio de hábitos. En lo deportivo -lo escribíamos la semana pasada en La Región- siempre le quedará una espina clavada en el pecho. "¿Hasta donde podría haber llegado?". Lo bueno es que Rainey vive hoy y es un próspero promotor en el mundo del motor. Al fin y al cabo, lo importante es sentirse vivo. Y la elegancia natural nunca se pierde.

martes, 15 de abril de 2008

ELEGANCIA INNATA: JOE LOUIS (V)

Nacido, como tantos otros boxeadores, en la miseria absoluta, Joseph Louis Barrow (1914-1981), ha sido uno de los más elegantes en el ring. Un pegador mortífero, un rival implacable pero noble, lejos de las provocaciones y gestos de otros púgiles. Louis fue quizá el primer deportista negro que llegó a cautivar a un porcentaje de aficionados blancos en los segregacionistas Estados Unidos. Louis fue el héroe (para una parte de sus compratiotas pues otra sentía simpatía por Hitler) cuando derrotó al alemán (en absoluto partidario nazi) Max Schmeling, durante uno de los duelos más intensos y asfixiantes para cualquier deportista en cualquier especialidad, entre los años 1936 y 1939. Nada menos que el preludio del posterior choque entre el capitalismo americano y el nacional-socialismo alemán. Ni muchos de sus paisanos ni su gobierno se lo agradecieron, pero eso es otra historia. Disfrutemos con el estilo de este portentoso boxeador, agudizando la vista y aportando nuestro propio ingenio porque las imágenes son muy antiguas y de baja calidad. Hoy poseemos medios técnicos para retransmitir un evento con una belleza y nitidez espectaculares. Pero no tenemos lo más importante, héroes con la elegancia y el talento innato de los elegidos. Como Joe Louis.

jueves, 10 de abril de 2008

NADA ES IMPOSIBLE, ESTO ES INCREÍBLE


La Campaña de la marca deportiva Adidas titulada Impossible is nothing es absolutamente maravillosa. Aquí podréis ver algunos de los spots emitidos, en los que el ordenador consigue incluir a atletas del presente en momentos míticos del pasado. En el primero, el grandísimo Muhammad Ali se entrena para la batalla de la Jungla contra el extraordinario Foreman con varios compañeros de excepción: su propia hija Laila, David Beckham, Zinedine Zidane, Tracy McGrady, Maurice Green, Torpedo Ian Thorpe y el pequeño gran Haile Gebreselassie. Las imágenes originales son extraídas del gran documental "Where we were kings" (ver CINE y BOXEO). Espectacular la imaginación de los publicistas de Adidas.

No menos espectacular es el siguiente, donde la gimnasta estadounidense de origen ruso Nastia Liukin acompaña a la mítica Nadia Comanechi en su ejercicio perfecto en las asimétricas de Montreal 1976. Merece la pena verlo varias veces.

¿Y qué comentar sobre esta maravilla? Muhammad Ali y su hija Laila combatiendo en el mismo ring, allá por los años setenta. Cuando la publicidad, la técnica, la historia y la imaginación se funden el resultado es Arte. Existen muchos anuncios más de la serie con otros deportistas colgados en Internet. Estos me parecen los mejores.

jueves, 3 de abril de 2008

JIM THORPE, VÍCTIMA DEL AMATEURISMO


Nacido como Wa-To-Chuck (Sendero Luminoso) y bautizado como Jacobus Franciscus, Jim Thorpe (1887-1953) fue el último eslabón de los orgullosos Sioux, nieto del Gran Jefe Águila Negra, y un atleta adelantado a su tiempo. En los Juegos Olímpicos de Estocolmo, en 1912, ganó el Oro en Pentatlón y Decatlón. Un año después, el estricto Comité Olímpico retiró sus marcas y medallas al saber que había cobrado 60 dólares al mes por jugar al béisbol durante los veranos de 1909 y 1910, violando el imperante amateurismo. Jim había perdido un hermano a sus 8 años, madre a los 10 y padre a los 17. Malvivía gracias a trabajos variopintos y ligas diversas. En 1932 lo encontraron mendigando alrededor del Estadio Olímpico de Los Ángeles y lo sentaron en el palco, siendo ovacionado por 80.000 espectadores. El último aplauso. Murió arruinado, alcohólico, después de dos divorcios y ocho hijos, degradado por un cáncer de labio. Hasta 1982 no restituyeron sus medallas y marcas, devueltas a sus descendientes.

Publicado en La Región (05-03-2007)

miércoles, 2 de abril de 2008

BREAK SALVAJE

Manuel Álvarez nos envía estos espectaculares clips. Son competiciones de break-dance, pero no de unos flipaos cualquiera, sino de verdaderos atletas y estudiosos de esta fiebre nacida en los suburbios de Estados Unidos allá por los ochenta. Dos muestras de fuerza, coordinación, dominio corporal, elasticidad... y una cabeza a prueba de golpes. A mí los raperos me levantan dolor de cabeza instantánea (o de tímpanos) pero estos tipos son unos auténticos artistas.

El hombre de goma:



El hombre con el cuello de goma:

domingo, 23 de marzo de 2008

MARCEL CERDÁN, CORAZÓN DIVIDIDO


A veces Madame Guillotine se lleva a los héroes deportivos antes de que desarrollen todo su talento en la Tierra. Marcel Cerdán (1916-1949) argelino de nacimiento, descendiente de padre francés y madre española, era el orgullo de La Grandeur por sus hazañas en el ring, el máximo atractivo en las revistas de sociedad por la doble relación que mantenía con su esposa Marinette -quien le dio tres hijos- y con la cantante e icono Edith Piaf. Así lo había reconocido el púgil ante los estupefactos periodistas. El 12 de diciembre de 1949 Jake LaMotta esperaba a Cerdán en el Madison neoyorquino, con el título de los pesos Medios en juego. El francés dudó antes del viaje, ¿avión o barco? El 27 de octubre despegó desde Orly. El aeroplano se estrelló horas después en la Cima Monte Redondo de las Azores, donde iba a repostar. Murieron Cerdán y 36 pasajeros más. A su entierro en Casablanca asistieron 45.000 personas. Marinette y Piaf se abrazaron ante su tumba, desconsoladas.

Publicado en La Región (26-02-02007)

sábado, 22 de marzo de 2008

HÉROES COTIDIANOS

Mi buen amigo Jorge Varela "Lupus" me envía un extracto de un reportaje de Canal Plus sobre el periodista del diario AS en Zaragoza, Javier Hernández. Un auténtico héroe para quien cada día es una aventura. Tuvimos el gusto de conocerle cuando se desplazó hasta el Pazo Paco Paz con el CAI Zaragoza, allá por la temporada 2001-02. Creo que trabajaba entonces para el Heraldo de Aragón, también en la capital maña, pero no estoy seguro de este dato. Lo recuerdo escribiendo con el pie durante el partido, en una de las mesas destinadas a los medios de comunicación, las más cercanas a la pista.

Javier nos demuestra que el corazón y la cabeza pueden superar en buena sintonía miles de obstáculos. Ya no se trata de sus limitaciones físicas, sino las barreras psicológicas y sociales que este periodista de raza habrá superado para alcanzar su puesto y ser respetado en este nido de hienas que es el Planeta Tierra. Como bien dice el portero César durante el reportaje, la lucha cotidiana de Javier convierte nuestros problemas o debilidades momentáneas en tonterías. ¿Quién puede quejarse viendo el ejemplo de superación de este atleta? Bien podemos agradecer a los Dioses o los Astros por evitarnos semejante prueba de valor durante el resto de nuestra vida.

domingo, 16 de marzo de 2008

CINE Y BOXEO: Puños fuera (y II)





Ali (Alí, 2001)

Algo falla en la senblanza de Michael Mann sobre el grandísimo Cassius Clay-Muhammad Ali. Will Smith se preparó a conciencia para interpretar a este icono del deporte mundial. No era una mala elección porque el estilo histriónico de Smith y su buena condición física encajaban con las exigencias propias del papel (otra cosa es conseguir imitar al inimitable Ali por el ring) pero el resultado no convence plenamente. Las escenas de los combates -la narración termina en la mítica batalla en la Jungla contra Foreman- están bien realizadas pero falta algo en el ambiente. Se abarca su íntima relación con el radical Malcolm X, incluida su participación involuntaria en el ostracismo sufrido por el político, poco antes de su asesinato. Pero la sensación final no llena. Impera el desorden y la prisa en todos los temas que el director pretende tratar. Y esta sensación, curiosamente, me la han confirmado otros amantes del boxeo. Otra vez será.







Somebody up there likes me (Marcado por el odio, 1956)

Este sí que acierta. Tocado y hundido. Un jovencito Paul Newman encarna al legendario Rocky Graziano, púgil de origen italiano que llegó a ser campeón de los pesos medios, superando una durísima infancia en las calles neoyorquinas, la "educación" de un padre desastroso, el paso por la cárcel e incluso la diversas sanciones a las que fue sometido. El papel original estaba destinado a James Dean, pero su repentina muerte abrió el camino del estrellato a un Newman fortísimo, caótico, impulsivo y cándido a la vez; al nivel de Marlon Brando. La calidad del todo el elenco y la excelente dirección de Robert Wise obtuvieron como premio dos Oscars, fotografía y decorados. No olvido la primera vez que la ví. De niño, quizá un viernes o un sábado por la noche en La 2. Cuando eres pequeño todo impresiona más,así que conservo una imagen idealizada que debo contrastar en una próxima ocasión.









Fat city (Ciudad dorada, 1972)


El magistral John Huston no sólo dominaba a la perfección el género bélico y el western. Aquí nos sumerge en el boxeo más marginal, alejado de los títulos mundiales y de las grandes estrellas, muchas veces estrelladas. Alejado de los grandes gimnasios y de los grandes escenarios, como el Madison o Las Vegas. Es una historia de encuentro entre un aspirante y un decadente boxeador, ambos perdedores, los protagonistas habituales en las películas de Huston. Una historia de perdedores incapaces de salir de un ambiente decrépito, ahogados en alcohol, en la sangre seca y en el sudor de varios días. Ni siquiera confundidos por ilusiones imposibles, ya que no poseen ni el poder ni el talento ni el interés para escapar de una espiral asfixiante. Es una grandísima película en la que, como en Raging Bull o Million dollar baby, el boxeo no es el punto central, sino el medio para reflejar la decadencia social y económica estadounidense al comienzo de los años 70. Decadencia transmitida, entre otras cosas por unas imágenes de un boxeo cadavérico, decadente y sin vitalidad, ante un público no más distinguido.









Body and soul (Cuerpo y alma, 1947)


Martin Scorsese se inspiró en ella para crear las escenas de combate de su aclamada (más por la crítica que por el público) Toro Salvaje. Robert Rossen describe aquí el trayecto circular de un boxeador, un tópico repetido a la saciedad desde esta película. Partir de una vida humilde en los barrios marginales, alcanzar la gloria y un estatus de lujo, y caer de nuevo en el fango. Si cabe más abajo que cuando comenzó. John Garfield interpreta a un púgil de prometedor talento con buen corazón, con deseo de sacar de la miseria a su madre y a la novia de toda la vida. Una misión que le lleva hasta la cumbre amparándose en un promotor corrupto y sin escrúpulos. Una misión que traiciona al posarse sobre una nube de excesos, dejándose seducir por los buitres que le rodean -la chica fatal, las malas amistades y su propia soberbia- despreciando a sus seres queridos, reminiscencias del pasado.Sólo será consciente de su caída y la pérdida de sus valores cuando la frágil burbuja de cristal se rompa ante sus narices. Una historia premonitoria y válida para tantas estrellas del mundo del deporte.








The harder they fall (Más dura será la caída, 1956)


Los últimos cigarrillos de Humprey Bogart, quien no pudo siquiera ver la película proyectada. Bogart se comportó como el mejor de los púgiles soportando el rodaje en la fase terminal de su cáncer. Magistral, una vez más, aquí encarna a un periodista sin muchos complejos a quien un mafioso promotor contrata para ensalzar y publicitar la carrera de un mediocre boxeador argentino llamado Toro Moreno. Fue una clara alusión al comienzo de la trayectoria del gigante Primo Carnera (1906-1967) a quien la mafia amañó sus 30 primeros combates, haciéndole creer que los ganaba por sus méritos. De hecho, el italiano, muy ofendido, demandó a la productora sin éxito. En el celuloide tanto el ingenuo boxeador como el decadente periodista se arrepentirán de los errores y mostrarán la imagen más digna posible. La dignidad es el bien más preciado, el que nadie nos puede arrebatar cuando ya nada más poseemos.







Cinderella Man (El hombre cenicienta, 2005)


La buena sociedad entre el director Ron Howard y el actor Russell Crowe rinde homenaje a James J. Braddock, un olvidado boxeador de los años treinta. Braddock tenía una estable carrera hasta el crack económico de 1929 en los Estados Unidos. Perdidos sus ahorros en la bolsa, con una familia que mantener durante unos años terribles, siente que está perdiendo su vida descargando fardos en el puerto cuando posee tanto boxeo en su interior, así como una humillación el tener que mendigar unos dólares a la beneficiencia. Un golpe de suerte le devuelve a la competición a los 29 años, batiendo contra todo pronóstico al Campeón del Mundo de los pesados, Max Baer. La victoria de la humildad y la voluntad contra la soberbia y el derroche. Howard retrata muy bien la miseria económica de los años treinta y rueda escenas de combates más o menos meritorias. En mi opinión, tiene un pequeño defecto, la idealización del protagonista no exenta de cierta cursilería. Y un error garrafal, describir a Max Baer como un tipo despreciable y sin sentimientos. Baer era muy teatrero y payaso, es cierto. También lo es que mató de forma involuntaria a un contrincante en el ring, a Frankie Campbell. Pero Baer se encargó del mantenimiento económico de su hijo y viuda, sin tener obligación por ello. Exagerar el papel de malo para endulzar todavía más a Braddock no era necesario.









The boxer (El boxeador, 1997)



Una película protagonizada por Daniel Day-Lewis es garantía de una exhaustiva preparación. Day-Lewis, reconozcámoslo, está como una regadera. Pero es un extraordinario actor. El director, Jim Sheridan, norirlandés muy preocupado por la situación de su país, lleva a la pantalla un libro escrito por él mismo con el título de Leave de Fight to Barry McGuidan. Una obra inspirada en la vida del púgil irlandés McGuidan, ex miembro del IRA arrepentido y dispuesto a rectificar su trayectoria cuando sale de la cárcel, retomando la práctica del boxeo como un punto de encuentro universal para católicos y protestantes. Una medida que inquieta a la organización terrorista. The boxer es algo más que un canto a la paz y al entendimiento, acotando los golpes en el ring. Es una búsqueda de los valores originales del protagonista, antes de perder la cabeza con las ideas políticas: su aprendizaje bajo la tutela de un viejo entrenador, su primer amor quien ahora está casada con un militante también encarcelado, la rebeldía contra la jerarquía de tu propia tierra, de quienes sólo te consideran mártir o traidor. Una película donde amor, política y boxeo se entrecuzan de forma a veces forzada.





The set up (Nadie puede vencerme, 1949)



Una de las líneas narrativas en las películas de boxeo consiste en plasmar el auge y la caída del protagonista. La otra trata del púgil que busca la redención personal para salir de un ambiente corrupto. El director Robert Wise opta por este camino, otorgar a un estupendo Robert Ryan el perdón a costa de jugarse poco menos que la vida. Rebelarse a la mafia y vencer un combate donde había pactado un tongo, redimiéndose ante su concepto del honor y ante su mujer. Ryan había practicado el boxeo en su juventud, fundamentos que se notan en las excelentes -y bastante crueles- imágenes rodadas en el ring. Wise no se queda aquí en su inclemente crítica contra un mundo de desheredados, de explotadores de carne humana, de matones que cobran en especies a quienes no acceden a pasar por el aro, como harán con el protagonista.









Mike Tyson, the Iron Fighter (Mike Tyson, el luchador de Hierro, 1995)


Documental básico para conocer la trayectoria de uno de los más grandes pegadores (y esquivadores) de los pesos pesados, así como los motivos de su fulgurante descenso al infierno. Escrito y dirigido por Henry C. de la Casiniére para Canal Plus Francia, The Iron Fighter nos traslada al humildísimo origen de Miguelito alias "el cabezón", pandillero y delincuente que "vió la luz" cuando el gran Muhammad Alí visitó el reformatorio donde malvivía. El grandísimo preparador Cus D´amato se fijó rápidamente en él y moldeó a un máquina trituradora en el ring -con más técnica de la que parece- con paciencia oriental y mucho sentido común. D´amato estaba asistido por un excepcional equipo técnico -Kevin Rooney y Steve Lott- y administrativo -Jim Jacobs y Bill Cayton- que hubiese funcionado como una máquina perfectamente engrasada incluso después de su muerte, en 1985. La desgracia fue que dos despreciables sujetos se cruzaron en el camino de Tyson, la modelo y futura mujer Robin Givens, y el delincuente Don King. Entre ambos y la inestable cabeza del boxeador precipitaron su descenso a la miseria. Los motivos, en este excepcional trabajo repleto de imágenes inéditas.


Joe and Max (Entre las cuerdas, 2002)

Parece mentira que los estudios de Hollywood se quejen de la escasez de imaginación de los guionistas y no recurran a la Historia, cuyos sucesos superan siempre con creces a la ficción. He aquí un
tema apasionante. Los combates entre el grandísimo Joe Louis y el menos pero también excelente boxeador alemán Max Schmeling. Sus enfrentamientos, entre los años 1936 y 1939, fueron los de dos sistemas a punto de colisionar, que los utilizaron -de distinta manera, no cabe duda- como propaganda y punta de lanza. Los nazis encarnaron en Schmeling sus teorías sobre la superioridad de la raza aria, convirtiéndole en héroe de III Reich, cuando él no sólo no compartía las teorías de Hitler y Goebbels sino que tenía entre su equipo a varios judíos. Los Estados Unidos, donde la segregación estaba más asentada que nunca, vieron en Joe Louis el único capaz de parar al alemán (es conocido que muchos estadounidenses simpatizaban entonces con el régimen nazi y deseaban la derrota de un negro imbatible en el ring). En medio de este choque de dos sistemas, dos hombres realmente solos ante una presión, exigencia y rencor difíciles de soportar. Daría para una obra maestra del cine. En las manos de Steve James y su elenco, para un telefilm que sale del aprieto pero desaprovecha un filón argumental. Incluso el título en español es más digno que el original. Un aplauso por el intento.

Trailer de la película.