SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

domingo, 27 de enero de 2008

EDMUND HILLARY, UN TIPO MODESTO



"Soy un neozelandés cualquiera con habilidades modestas". Así se definía uno de los grandes héroes del siglo XX. Edmund Hillary (1919-2008) murió hace unos días en su natal Auckland. El 29 de mayo de 1953, aproximadamente a las 11,30 horas de la mañana se convirtió en el hombre más cercano al cielo, alcanzando la cumbre del célebre Monte Everest, a 8.848 metros sobre el nivel del mar.


Hillary no estaba solo ni podría haber llegado a la cima sin su inestimable compañero y amigo, el sherpa Norgay Tenzing (1914-1986), conocido como "tres pulmones" por su impresionante resistencia física. Y sin la pequeña ayuda de la suerte o del destino, ya que Hillary y Tenzing formaban algo así como el "equipo B" en el asalto a la cumbre. El "A" estaba integrado por el físico Tom Bourdillon y el cirujano Charles Evans. A menos de 100 metros de la meta tuvieron que desistir, por un problema irresolubre en sus bombonas de oxígeno. Esta desgracia abrió el camino al humilde apicultor neozelandés y al experto escalador nepalí. Nunca se sabe cuál es la puerta que abre el camino a la gloria.


El monte Everest, a medio camino entre China y Nepal, es la montaña mágica por autonomasia. Se ha intentado conquistar en unas 10.000 ocasiones hasta el momento -según datos del periódico "El Mundo"- cobrándose la vida de más de 200 escaladores. Hillary y Tenzing integraban en 1953 la gran expedición encargada por la Real Sociedad Geográfica Británica y comandada por el Oficial del ejército John Hunt. Era el decimotercer empeño tras doce frustraciones anteriores, interrumpidas por la muerte o las extremas condiciones atmosféricas. La expedición de Hunt reunió a 12 buenos escaladores, unos 30 sherpas y más de 400 porteadores. El 12 de abril establecieron el campamento base a unos 5.456 metros, conteniendo la llamada de la montaña. Por delante, nueve etapas durísimas en la cara sudoeste, soportando temperaturas de 30 grados bajo cero -dicen que en la cumbre el termómetro baja 20 grados más- y un equipo individual hoy rudimentario, cercano a los 40 kilos por barba. Sorteando bloques de toneladas de hielo, superando inclinaciones de hasta 60 grados, ignorando el sentido de supervivencia del cuerpo, quien pondría a la mente en un dilema: regresar y salvar la vida o arriesgarse a una gloria sin futuro cierto.

Venció la voluntad humana y la preparación. Ambos conocían ya la dureza del Everest. Hillary había escalado diferentes zonas "bajas" de la montaña años atrás. Tenzing se había quedado a menos de 200 metros un año antes, acompañando al suizo Lambert. Algunos atribuyeron mayor mérito al nepalí. Comparaciones absurdas. Ambos son héroes por igual, sin olvidar al resto de los miembros de la expedición.

¿Fueron Hillary y Tenzing los primeros en llegar? En la tercera expedición, en 1924, habían desaparecido los británicos Andrew Irvine y George Mallory. La duda, ya eterna, consistía en si fue antes de alcanzar la cumbre o durante el descenso. De hecho, la noticia de la gesta de Hillary y Tenzing tardó tres días en hacerse pública, el 1 de junio, todo gracias a que descendieron sanos y salvos. Y no terminaron ahí los interrogantes. Algunos acusaron a Hillary de mentiroso, porque no aparecía en ninguna de las fotos realizadas durante los 20 minutos que aguantaron en la cumbre. Sólo se ve a Tenzing. (Bueno, alguien tendría que hacérselas al sherpa). Lo cierto es que Hillary siempre se mostró humilde y generoso. Siempre reivindicó los mismos méritos para su compañero, condenado al ostracismo en aquel momento, como si fuesen jinete y caballo ganador.

Conquistado el último punto inaccesible de la Tierra, no cesaron las expediciones con muy diferentes objetivos. Junko Tabei fue la primera mujer en alcanzar la cumbre, en 1975. Tres años más tarde Reinhold Messner y Peter Habeler tocaron el cielo sin la ayuda del oxígeno. En 2001 el estadounidense Sherman Bull culminó la expedición con nada menos que 64 años. Y en 2006 otro neozelandés, Mark Inglis lo hizo ¡con dos prótesis en lugar de sus piernas! La capacidad de superación del ser humano es, en ocasiones, inimaginable.

¿Que fue de Edmund Hillary tras el logro, tras ser nombrado Sir por la reina Isabel II? No se quedó sentado ante la chimenea, contando batallitas a los nietos. Mantuvo su espíritu aventurero sin emborracharse de soberbia. Participó en otras memorables escaladas, en una expedición por el Polo Sur en trineos, en la búsqueda del Yeti por el Himalaya, en el remonte del río Ganges... Estuvo activo hasta los últimos años de su vida. El destino fue más cruel con él. En 1975 se estrelló en la capital nepalí un avión que transportaba, entre otras, a su mujer Louise y a su hija, Belinda. (¿El último tributo por violar la virginidad de una montaña mágica?). Ni el Everest ni la desgracia le hicieron caer. Se casó de nuevo y tuvo una vida plena, participando en nuevas aventuras con su hijo, Peter.

Otro de los aspectos destacados por los medios tras la noticia de su fallecimiento fue la contínua labor filantrópica con el pueblo nepalí. Créó una fundación que ayudó a crear escuelas y hospitales en la zona, denunció la suciedad incontrolada, producto de los miles de turistas y aficionados que pueblan las laderas del Everest, fue nombrado embajador en la India y ciudadano de Honor en el Nepal. Intentó devolver todas las emociones vividas en una de las zonas más inhóspitas y bellas de la Tierra. El hombre que llegó más alto en la Tierra fue uno de los más humildes y amables hasta su muerte, por un fallo cardíaco. Un tipo modesto. "El último gran héroe", titular muy apropiado escrito al caso por un medio. Descanse en paz.


MÁS INFORMACIÓN

Sobre el monte Everest, pincha aquí.

Sobre el sueño de la compostelana Iria González-Dopeso que intentará emular a Mark Inglis, aquí.

Sobre la expedición de 1953, pincha aquí.