SIGUE SOÑANDO

Dice la leyenda que Polínexa, madre de Alejandro Magno, soñó que su hijo había sido engendrado por el mismísimo Zeus. El nacimiento coincidió con la victoria de su marido, Filipo de Macedonia, en la carrera hípica de los Juegos del 256 a.C. En honor a tal triunfo, Polínexa cambió su nombre por el de Olimpia. Su sueño se cumplió. Alejandro fue el Zeus del mundo conocido entonces. Un infatigable conquistador. El deporte es hoy lo más parecido a la guerra y sus figuras los nuevos mitos de nuestra era. Soñemos.

olimpiaduerme@gmail.com

Legend say that Polínexa, mother of Alexander the Great, she dreamed that her son had been fathered by Zeus. The birth coincided with the victory of her husband, Philip of Macedonia, in the horse race of the Games of 256 BC. In honor of this victory, Polínexa changed her name to Olympia. Her dream was fulfilled. Alexander was the Zeus of the then known world. An indefatigable conqueror. The sport is now as war and his figures the new myths of our era. Let's dream

sábado, 28 de junio de 2008

LA ESTEBAN SE CASA Y ESPAÑA PASA LOS CUARTOS (por el malvado Vellido Dolfos)



Ni Eurocopa ni crisis. El único tema de verdadero interés durante este fin de semana no fue otro que la boda de Belén Esteban. Sí, la ex mujer de un conocido torero de Ubrique, cuya familia, incluídos padre, queridas, madre, hermanos, cuñadas y tías forman el dream team de lo hortera y chabacano. Campeón de los últimos torneos, siempre en dura pugna contra la familia de Farruquito.

La muchacha en cuestión, colaboradora en el programa de la escritora y profunda analista Ana Rosa Quintana -de quien esperamos con ansiedad su próxima novela, si cabe mejor que la primera- contrajo matrimonio en loor de multitudes, con un apuesto muchacho llamado Fran. Acto al que acudieron la nada despreciable cifra de cuatrocientos y pico invitados -ya puede poner cañas el afortunado marido para recuperar el despilfarro- más un ejército de señoras con mucho tiempo libre y pocas inquietudes. Soporte indestructible donde se apoya el formidable emporio de la industria del corazón y la charcutería.

Para cubrir el acto como se merece, el programa cultural "¿Dónde estás, corazón?" desplegó una cobertura digna de un enlace real. Además de enviar a la contundente Chelo García Cortés a la puerta misma del banquete para entrevistar a la orgullosa madre de la Esteban, el programa tuvo la elegancia de invitar al estudio a dos personajes de rabiosa actualidad e íntima relación con la feliz novia. Dos antiguas parejas de la hoy casada, ambos caballeros de inigualable talla: Dani D.J. (es decir, Dani diyei) y Óscar Lozano, vestido cual Almirante Canaris.

El programa esbozó un perfil de la Esteban, cuya profundidad, desconocíamos, podría compararse a damas como Margaret Thatcher, Juana de Arco o Golda Meir. Sazonado con el sorteo de varios viajes y el aplauso borreguil de un público que debía ser inmediatamente embarcado con destino a Siberia. O a una consulta con el dentista de Sensodyne, cuya expresión y semblante incitan directamente al suicidio.

También se aportaron datos de extremado interés, quizá comparables a los secretos del 11-M, el asesinato de J.F.K. o el caso Watergate. Que Belén se lió con el diyei por despecho a Kemp Lozano. Que este bon vivant ganó unos 30 millones con exclusivas y que fue detenido por error por la policía senegalesa por un tema de drogas y prostitución. Que el pobre diyei sintió "la presión de todo un país" cuando cortó con la Esteban. Situación desesperada que le obligó a pasear por todos los platós de innumerables programas de pornografía sentimental para "limpiar su imagen". En resumen, un intenso y refrescante debate entre dos caballeros y varios periodistas de probada objetividad y seriedad. Estupendo. Un excelente programa con sensaciones tan placenteras o más que la serie de penaltis de nuestra selección contra Italia. Nos van a expulsar de la Unión Europea. Y no por incumplir las condiciones económicas. Si a la fiscal Carla del Ponte se le ocurre encender el televisor durante su estancia en España, estamos perdidos.